La espontaneidad: escapatoria de lo racional

Hace un verano me encontraba en una pequeña carretera de camino a Llanes, un pueblo asturiano, con una persona a la que admiro y aprecio al volante, y yo de copiloto. No estoy segura de lo que pasaba por mi cabeza en ese momento exacto, pero ahora lo recuerdo como un momento cálido del que me acordaré por mucho tiempo. Las vistas verdes, el olor a mar, el coche arenoso y las risas no faltaron. Minutos antes de llegar, pasamos por un puente. “ Decidí tomar este camino un poco mas largo para contarte una historia” dijo mi amiga. “Un día mi padre venía en este mismo coche con mi madre, y habían unos locales haciendo “puenting” desde ahí. Por alguna razón mi padre paró el coche y le dijo a mi madre que de ahí no se iba hasta saltar de ese puente. Mi madre le decía a gritos que estaba loco y que había perdido un tornillo, pero finalmente cedió. No solo eso, pero mi madre también lo hizo. De ese momento quedó una foto inolvidable y una gran anécdota. Así quiero vivir mi vida: quiero ver un puente y tener las agallas de dejar de pensar racionalmente y tirarme de él.” Cabe aclarar que desafortunadamente el padre de mi amiga falleció hace ya unos años, y es recordado por ese tipo de momentos. Un año después y esta historia me sigue a todas partes. Hace poco le pregunté a mi papá que cuál era un momento memorable que haya surgido de una decisión espontánea, y no me supo responder. Conociéndolo no es por falta de experiencias si no porque él mismo nunca se ha hecho esa pregunta, y no son momentos en los que piensa constantemente. Semanas después le pregunté lo mismo a mi madre y pasó lo mismo. Después de eso mi madre sorprendentemente sacó al tema esa pregunta y la estuvimos discutiendo entre todos en una comida familiar. Fue un momento agradable donde todos recordaban buenos momentos.

Cada vez me agrada más la filosofía de la espontaneidad. Dejar de pensar unos segundos y escuchar lo que tu persona realmente quiere hacer. No es una filosofía que hasta ahora yo aplico en mi día a día pero ciertamente está en mis intereses empezar a seguirla. En parte sé que no la sigo porque cuando yo me hice la pregunta a mi misma tampoco pude responder. Desconectar de lo racional aunque sea por unos momentos pone en perspectiva la realidad en sí, y eso me parece un evento precioso.

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