Hay una diferencia significante entre ser feliz y sentirse feliz. Una persona que está en depresión por lo general puede perfectamente sentirse feliz parcialmente en algún momento. Por lo contrario, en esa etapa de su vida no es feliz. Es común pensar que una persona feliz es caracterizada por estar feliz constantemente sin excepciones y que sus problemas y preocupaciones son mínimos. Para mí es más complicado que eso. Yo me considero una persona feliz, en esta etapa de mi vida, y eso no quita el hecho de que tengo días dónde no tengo ganas de sonreír, de socializar ni de seguir adelante. La búsqueda de la felicidad varía según la definición de cada persona. Los valores que conlleva, la importancia y el significado que tiene en la vida de cada uno. Me parece que el primer paso es darle importancia a ser feliz. Dudo que se pueda llegar a una felicidad absoluta y constante, lo cual me parece bueno ya que entonces la felicidad en sí perdería su valor, no se apreciaría. Darle prioridad a este estado es darte prioridad a ti mismo, a tu salud tanto física como mental, a tratar de conocerte mejor y de tener tus prioridades claras.
Todo esto empieza con la estructura de nuestro día a día. Mejores hábitos pueden llevar a una estabilidad emocional más importante de lo que pensamos. Por supuesto no es el único factor para la felicidad, pero ciertamente es uno muy importante. Todos estamos expuestos a tomar decisiones que cambian e rumbo de nuestro día a día. “¿Me levanto con la primera alarma para tener más tiempo para mí, o me regalo cinco minutos más de sueño?”, “¿Veo el último capítulo de la serie que estoy viendo, o adelanto mi tarea?”, “Voy a pasar un rato con mi familia, o me quedo viendo videos de Youtube?”. Estas preguntas aplican específicamente para mí, lo que significa que están dirigidas hacía una audiencia más adolescente, pero los adultos estas expuestos a estas situaciones igual de frecuentemente que los adolescentes. Es más, es un fenómeno que no tiene edad. No hay decisión “correcta” ante estas decisiones, simplemente resultados diferentes. Tenemos que pensar en qué resultado nos interesa más, y cuál será más útil a largo plazo. Todo esto tiene como objetivo aumentar la productividad de un individuo para tener una cierta estructura de vida. De ahí pones en juego tus prioridades, y una vez que reflexionas sobre estas y trabajas para optimizarlas, por regla general los resultados de tu día a día son más satisfactorios y entonces tú te sientes mejor y hasta más feliz.
Algo que tengo muy presente y que he tenido la oportunidad de aprender es que por más que sintamos que estamos haciendo todo bien, a veces no nos sentimos felices, pero eso está bien, y no significa que no seamos felices. Es en esos momentos donde podemos realmente apreciar y agradecer los momentos en los que sí estamos felices, y agradecernos a nosotros mismos por hacer el esfuerzo de buscar la felicidad.